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    7am en hanksville utah, último día de invierno y nosotros comenzábamos nuestra expedición.

    para alguien que esta acostumbrado a las rutinas de deporte aventura, el descenso por más de 200 metros de altura sostenido por una cuerda de unos cuantos milímetros de diámetro podría significar sólo parte de la rutina necesaria.

    en cambio para mi, el atreverme a caer en ese vacío inmenso representaba desafiar mi naturaleza más íntima...

    con las instrucciones y entrenamiento aprendidos en tierra (al menos teóricamente), el equipo de seguridad preparado y en posición para dar el primer paso en el descenso, me pregunto si seré capaz de hacerlo.

    guardo silencio, respiro profundo, me alisto y decido bajar.

    el primer paso es literalmente el más difícil... dirijo mi mirada al vacío y siento mis temores rodeándome. en un segundo y tercer paso me doy cuenta que son mis miedos los que deben rodar cañón abajo para que mi mochila se aliviane, los dejo caer y voy adquiriendo cierta confianza que me permite comenzar a disfrutar del camino en 90 grados.

    sigo descendiendo, avanzo lento, confío en mis brazos, en mis piernas, en mi cuerpo... confió en la voz de mi guía... confío en mi.

    los últimos metros son un disfrute, recorro la visión de colores y formas irregularmente perfectas que me regala el paisaje, me envuelve la inmensidad de las montañas, testigos de esta aventura mía...

    un imposible se transforma, en un par de minutos, en parte de mi historia. habiendo lanzado al vacío mis pesados miedos, he descendido liviana y finalmente he disfrutado los últimos metros del descenso...

    ganarle a lo desconocido nos debela. desprendernos de nuestros temores nos permite disfrutar el camino. precisamente entendemos cuán valientes somos cuando nos atrevemos a caminar por el despeñadero. las certezas no siempre son la ruta y los límites sólo están en nuestra mente. desafiarnos nos permite descubrir la fuerza que todos tenemos y que sólo espera una oportunidad para mostrarse.

    @karenmontalva



    entrevista por karenmontalva

    Código Mujer

    © CódigoMujer – 2016