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    diciembre 2012. la ciudad estaba blanca, blancos los árboles, blancas las montañas, blancas las casas y calles.  no había lugar donde la nieve no hubiese llegado. el paisaje era hermoso y yo lo disfrutaba.

    nada es eterno y en un par de meses, el cambio de estación se hacía inminente y con él un par de descubrimientos...

    de manera casi mágica todo aquello que había estado cubierto de nieve comenzaba poco a poco a mostrarse.

    una mañana observé mi patio delantero, aquel que me había recibido con tupidos árboles, ocultos completamente por la nieve y hielo... mi sorpresa fue grande al encontrar algunos objetos, que para mi visual no encajaban con el paisaje... un par de vasos de plástico, herramientas de construcción, restos de tuberías (como si alguien hubiese dejado a medias ese arreglo urgente y la nieve lo hubiese sorprendido trabajando).

    dirigí mi mirada a las casas vecinas, a los patios vecinos y a las calles vecinas y me di cuenta que el escenario era similar... la primavera traía a flote la verdad, dejaba en evidencia esos elementos presentes pero ajenos a la estación, mostraba aquellas ramas ya casi muertas por la nieve y el frío, regalaba esa maleza endurecida por el hielo y ya desvanecida, sin vida.

    en una de esas mañanas en las que la estación cambiaba pensé cuán sabia era la naturaleza para mostrarme el poder de los ciclos, el poder de los procesos naturales. el cambio de estación traía a mi vista aquello que estaba cubierto, dormido, muerto y que era necesario remover.

    pensé en mi vida y en mi última crisis personal, (no se como llamarle)... ese último proceso de cambio que había traído a mi vista todo aquello que estaba cubierto, dormido, muerto y que necesitaba retirar.

    recordé la necesidad que había tenido de mirarme fijamente, observarme e identificar  aquello que sobraba, que molestaba...  esa maleza en mi carácter, ese hábito que interrumpía la vista a la nueva estación personal que nacía en mi...

    la analogía era completa... había dejado aflorar la primavera, sacando de mi patio personal las ramas casi muertas, para dar paso a una nueva temporada en mi vida, con un sol más intenso que la nieve que había experimentado...

    me pregunté y me sigo preguntando... no es esa la vida? no son los cambios de estación la constante que acompañan nuestro caminar?



    entrevista por karenmontalva

    Código Mujer

    © CódigoMujer – 2016