el contrato



cada noche, cuando iba a verte, mientras me duchaba en mi casa, pensaba en el contrato, se renovaba cada vez que lo traía a mi mente, me probaba a mi misma si era capaz de cumplirlo, sostenerlo, por eso siempre aparecía, no se porque, bajo el agua tibia cayendo por mi piel, tal vez imaginando tus caricias, tan ansiadas y disfrutadas, siempre, por alguna razón, o por muchas, teniendo la sensación que algun día serían las últimas.

podía suceder, era muy factible, tu vida era muy riesgosa, pequeños accidentes ocurrían casi a diario, parecía una broma del destino, salías casi ileso, a veces me ocultabas las marcas hasta que yo con mis sutiles manos las descubría en tu cuerpo y allí me explicabas el evento y me decías que no era nada, que nada te pasaría, esperabas mi dulce reto, mezcla de miedo, ternura y un cuidate por favor, no sabría vivir sin vos. que tonta, mira como aprendí.

ah! sí, el contrato, estaba allí para recordarme el amor que te tenía, para recordarme las horas que quería compartir por el resto de mi vida y la tuya, para ser el soporte, la razón de la existencia de una relación tan difícil, con tantos sinsabores y quebrantos, pero de la cual estaba convencida que podíamos ser felices, si queríamos, si teníamos el firme propósito de permanecer juntos, apoyarnos y jalarnos cuando alguno estuviera en lo profundo de una tristeza, de una decepción o de un fracaso. de la mano, asida tan fuerte a tu alma y no me daba cuenta que lo que estabas haciendo era soltándome.

renovable, a cada momento que aparecía y la respuesta era siempre la misma, fue siempre la misma, sin dudas, no podía pensar un futuro sin tu mirada, sin tus abrazos, sin tu sonrisa, aunque solo fuese eso, el agua tibia me decía, si le pasa algo, si se queda inmóvil, si ya no te reconoce, si lo tenes que cuidar, asistir, acompañar en el silencio de largas horas que se lleven tu juventud y no tengas mas remedio que solo contemplar lo que fue ese hombre, lo que hicieron juntos, las noches de pasión, solo recordando buenos momentos, jalandote hasta los últimos días de la soledad de tu triste destino, y…… era sí, sí, sí, sí miles de sí! sí, me quedaba, sí, te quería de cualquier modo, sí empujaria una silla de ruedas, sí, te haría mimos aunque apenas los sintieras, sí, te cuidaría y me dormiría lo más cerca tuyo solo para sentir tu presencia, aunque ya no pudieses nunca más tocarme.

pero un día, de golpe, el agua tibia ya no expuso más el contrato, solo el sonido de las gotas golpeando en mi cuerpo mezclándose con mis lágrimas, ya no volvió a aparecer, ya no hacía falta, nunca te lo dije pero creo que lo sabías, me conocías bien, sin embargo ya no importa, te pregunte casi como una suplica el último día, me estás soltando la mano? me dijiste, -sí. me levanté del sillón, caminé lentamente hacia la puerta, sabía que era la última vez que te vería, sabía que mis pasos jamás regeresarían a tus brazos, sabía que debía seguir mi camino y que esa despedida tenía el amargo sabor de las palabras PARA SIEMPRE!

ojalá algún día seas merecedor, en otro momento, con otra persona de ser el titular de un contrato como el que yo hice con la vida y que firmé una y mil veces con sangre de mis venas y que borre aquel día con mis lágrimas mezcladas con el agua de la ducha tibia.

liliana

Deja tu comentario



historia escrita por Lili

publicado en amor, amor pareja, historias, yo | tags: , .