La mujer que fui.



La mujer que fui.

Siempre estuve ebria, desde el vientre de mi madre, tal vez antes, por las venas de las mujeres de mi familia además de sangre siempre corrió el alcohol, eran tardes de siestas interminables en el campo, las madres siempre necesitaban dormir mientras las hijas jugábamos en el parque bajo la atenta mirada de quienes nos cuidaban y nos daban afecto.

Con el correr de los años las hijas también necesitaríamos dormir, casi como una suerte de destino dibujado con gran precisión, imposible de soslayar.

Estuve ebria de alegría enredada en los besos del hombre que tomo mi mano y me llevo a la tranquilidad de una familia, mi familia, después de la muerte de mi padre. Mi padre por quien estuve ebria de abandono cada vez que regresamos de un viaje y el volvía a partir esta vez solo, ebria estuve después de su muerte, el abandono definitivo.

Estuve ebria en el cansancio del trabajo, manteniendo el campo de mi infancia ya abandonado por todos, me resistí a dejarlo y codo a codo junto a mi esposo mantuve viva su producción. Estuve sobria un largo tiempo, ocupada y feliz, es posible escapar de tu sombra y huir en silencio, creer que le engañas, pero las sombras siempre te asechan y el abandono de mi hombre se llevó mi tranquilidad y estuve ebria de nuevo, ebria y ciega de soledad, ebria y sumida en el dolor, ebria de abandono otra vez.

No puedo huir de mi destino, recorro el campo cada noche y me recuesto entre la hierba buscando el calor de la tierra en un abrazo hechicero que envuelva mi piel y me esconda en lo más profundo del suelo. No puedo dejar este lugar.

Estuve perdida, lo sé, la llegada de unos ojos claros me salvó del abandono, esta vez estuve ebria de esperanza y mi lecho satisfecho de amor, volví a estar ebria de alegría, sin embargo, la alegría siempre tiene un costo y la tierra que prometí proteger se convirtió en la fuente para retener el amor, ese amor desesperado, desenfrenado, indolente y ansioso, ese, el amor que me gustaba, tan ebrio como yo. Se acabó la tierra, se acabó el amor y la fiesta diaria y las jornadas interminables de amistades ebrias, tan ebrias como nosotros.

Nuevamente estuve ebria de abandono y en la soledad del dolor, la tristeza de los recuerdos, las tardes en el campo junto a mis amigas y nuestros hijos pequeños, las risas y los cantos, aquellos cantos contestatarios, fui joven y tuve esperanza y compromiso, fui joven y reí tantas veces durante conversaciones triviales, marché por las calles y comprometí mi corazón por las causas que consideré justas y cuando estuve tan ebria dejé de sentir lo que había considerado importante toda mi vida.

Las palabras de preocupación y mi confesión a mi amiga del alma, dejaron lágrimas en su corazón, lo sé, déjame estar ebria porque no conozco otro modo de vivir le dije, juro que traté de romper mi destino, lo juro, no soy la misma, lo sé, mis recuerdos, mi espejo, mi alma y mi cuerpo dan fe, el tiempo es testigo y mi derrota la sentencia.

He sido feliz, aunque ebria por naturaleza, abandono, y amor, he sido feliz. Porque he sido mujer, madre, amiga y amante. Fui hermosa y valiente, fui querida también y tuve tú abrazo, ése cuya mirada aceptó mi dolor y mi decisión.



historia escrita por Sol

publicado en amistad, historias, mujeres.