Qué m…. tenemos las mujeres en la cabeza



Tras haber dejado claramente expuesto que varias veces me he sentido en la mitad del patio del kinder al recibir algunas opiniones bastante “interesantes” de parte del sexo opuesto en una entrada previa, y a fin de no sonar como feminazi en un mundo que fomenta la diversidad de pensamiento y obra entre las criaturas del señor, debo señalar que nosotras no nos salvamos de actuar, en determinadas ocasiones, como desquiciadas al borde de ser ingresadas a una casa de reposo. Y me refiero a algo muchísimo más preocupante que haber pasado horas conteniendo el llanto mientras esperamos que un alisado de keratina de resultado, o a recabar en forma obsesiva información diversa respecto a nuestra colorimetría o a qué prendas podemos o no vestir acorde a la forma del cuerpo.

Resulta extraño, por ejemplo, que no distingamos en el momento que la suspicacia que nos despiertan leseras como el doble check azul del whatssap o un simple mensaje de buenas noches recibido más allá de las 11 de la noche, rayan en la psicosis. Y que al escuchar a nuestras amigas mencionar estos tópicos de conversación nos avergoncemos de haber caído exactamente en el mismo pecado y no podamos evitar pensar: puta la hueá, soy una loca culiá.

También me ha sorprendido reparar en que, mientras que a una le parece curioso que hueones peludos y que ya hace rato que no arrastran la bolsa del pan conversen largamente acerca del dilema del tamaño del miembro o compitan por quien mea más lejos,  si llegamos a sospechar que al hombre que nos ama (¿o debiera decir soporta?) se le van los ojos detrás de un par de tetas no podamos evitar mirarlas nosotras también y ponernos a evaluar si el escote es en definitiva atractivo o no, o si serán obra de un buen cirujano.

Mención aparte merecen los arranque de rabia y pobres celulares destrozados debido a que al pierno se le ocurrió llegar tarde o simplemente no pudo llegar a buscarnos, en solitario por supuesto y mantenido bajo el más absoluto secreto teniendo que hacer mano a la mentira blanca; “me lo robaron”, para justificar ante el jefe porqué no nos encontraremos disponibles a cada minuto del día hasta próximo aviso. Admito, con toda la vergüenza del mundo, que Naomi Campbell es una alpargata al lado mío.

Y está bien que ellos tengan que hacer de tripas corazón y asumir que ” casi todas lo hacen”, y que ninguna mujer es princesa de pan de dios, si por algún motivo desconocido nosotras hemos aceptado casi que con orgullo que nuestra pareja se haga el chorito con frases como “me gusta ella porque hace lo que yo le digo y no me huevea por nada”, siendo que todo parece indicar que terminaremos preparando desayunos y haciendo el aseo mientras el perla se recupera de la caña. Puede ser que esta clase de rareza se deba a una infancia que incluyera casita de muñecas, juegos con Barbies y vestidito floreado obligatorio a la hora de ir a dormir siesta a la iglesia, ya que no existe lógica alguna salvo alguna tontera enquistada en nuestro inconsciente que nos impida captar al vuelo que el susodicho se está jactando frente a nuestras narices de haber encontrado a alguna especie de geisha que le aguante los pastelazos.

Por último, no puedo dejar de lado el caldo de cultivo moderno para la histeria femenina; las redes sociales. Imposible no perder el sentido común ante tanto like, corazoncito de “me encanta” ( o “me encantas” si se lo chantan a la foto veraniega de alguna zorra que aparece sobándose las tetas en la arena acompañado de alguna cita pseudo intelectual obtenida en Google). Recién hace poco reparé en lo ridículo que resulta dirigir nuestra ira hacia las pseudo modelos que se tapan en photoshop para subirse el ego a punta de likes, y no hacia el pololo que ni siquiera mira para el lado con disimulo sino que más encima lo alumbra celebrándole la gracia a la diosa de los filtros con un dedito para arriba. Varias personas me han preguntado porqué decidí yo suprimir mi cuenta de Facebook si no soy yo quien anda en malos pasos, y sí, da para un detallado análisis ya que al igual que toda mujer de treinta que intenta sobrevivir en el Chile actual poseo mi dosis de locura potencial. Sin embargo, lo resumo en la siguiente frase; no me considero capaz de hacer en forma instantánea el análisis previamente mencionado, y por lo tanto no podré evitar andar vociferando insultos en francés cortesano cada vez que me salga como sugerencia de amistad una hueona con las tetas al aire o mostrando el culo en pompa frente al espejo del baño, y cundo ya haya dirigido mi ira hacia el verdadero culpable detrás de todo esto, recibiré como única respuesta a mis descargos el dichoso doble check azul.



historia escrita por _veintisiempre_

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